Llega a nuestras pantallas Marty Supreme. Está recogiendo numerosos premios y tiene 9 nominaciones a los Óscar, pero ¿hay para tanto?
Crítica de Santi Serrano
La película viene firmada por Josh Safdie, que junto con su hermano nos trajo joyas como Good Time o Uncut Gems. Dos títulos que tienen en común que sus protagonistas parecen no ser conscientes de los problemas que se generan a sí mismos, de los que difícilmente saldrán airosos.
Y la que nos ocupa no difiere mucho temáticamente de estas. Marty es un chaval carismático, con la habilidad de enredar a cualquiera con tal de salirse con la suya.
Lo que quiere a toda costa es ser campeón de ping pong, ser el mejor del mundo. Lo que pasa es que no tiene equipo ni un patrocinador, así que usa todo tipo de artimañas para conseguir el dinero que financie su viaje a Reino Unido, robando, mintiendo e incluso poniendo en juego su propia vida.
¿Existió Marty Mauser en realidad? Pues no. Sí que existió un tal Marty Reisman, que era igual de estafador, carismático y con un particular estilo para jugar.
Así que el largometraje no es un biopic al uso, sino que coge a este personaje real para crear una ficción en torno a él.
El resultado es un drama deportivo, con comedia ingeniosa, todo mezclado, incluso con algunos apuntes de thriller.
Al aspirante a campeón le da vida Timothée Chalamet, que ya es una estrella por derecho propio e incluso produce la cinta, que está francamente impecable como este granuja encantador.
A él lo acompañan Odessa A’zion, que está acaparando las miradas en cada red carpet, pero que más allá de su belleza está francamente bien como la enamorada Rachel; Gwyneth Paltrow como una estrella de Hollywood venida a menos, a quien nuestro jugador de tenis de mesa logra engatusar; o Kevin O’Leary, que interpreta al millonario marido de Paltrow y que financiará un viaje a Japón que Marty necesita sí o sí.
Mención especial al director Abel Ferrara, con un personaje de mafioso que le viene como anillo al dedo, que protagoniza una escena bastante peculiar.
Ambientada con toda clase de detalles en los 50, con una recreación de Nueva York excelente, A24 no ha escatimado a la hora de invertir en este proyecto, pues se coloca, con sus 70 millones, en la más cara de la compañía.
Curiosa es la selección musical, muy anacrónica, pues suenan el Big in Japan de Alphaville o Everybody Wants to Rule the World de Tears for Fears. Un poco como nuestro protagonista, que quisiera dominarlo todo, aunque muchas cosas se le escapan de las manos.
Así pues, Marty Supreme, sí considero que es merecedora de tanta nominación. No baja el ritmo en ningún momento a lo largo de sus 2 horas y 49 minutos. Estaremos pegados a la butaca, a ver si Mauser es capaz de liarla todavía más, y todo por poder ser el campeón absoluto del ping pong.
¿Logrará también engatusar a la Academia de Hollywood? Ya lo veremos.
