Crítica | «Stranger Things 5»

Crítica | «Stranger Things 5»

La quinta y última temporada de «Stranger Things» —dividida en dos volúmenes y un episodio final— llega para clausurar una de las ficciones más influyentes de Netflix desde su estreno en 2016. Creada por los hermanos Duffer, la serie vuelve a adentrarse en la intersección entre ciencia ficción, terror y aventuras juveniles, pero esta vez con un tono más ambicioso, más oscuro y más conectado que nunca.

En cuanto a los personajes, se perciben cambios significativos tanto en los protagonistas como en los secundarios. La presentación es coherente y marca una evolución clara en sus dinámicas, dando mayor peso a personajes que hasta ahora habían permanecido en segundo plano. Este reajuste emocional refuerza la sensación de despedida y de cierre, aunque todavía queda la segunda parte, por lo que los conflictos se quedan sin resolver.

Los puntos de giro marcan de forma clara el género de esta quinta y última temporada de «Stranger Things». Los capítulos 1 y 2 tienen un ritmo más pausado, necesario para fraguar el contexto. Los Duffer explican lo que deben explicar antes de liberar la tormenta.

En su primera mitad, la serie opta por un desarrollo más contenido, apoyado en la tensión y el suspense, reubicando a los personajes tras los acontecimientos previos y preparando el terreno emocional y narrativo. La segunda parte del volumen, en cambio, se inclina hacia la acción desbordada y la fantasía, con un tono más cercano al blockbuster y al cine de superhéroes.

Asimismo, la trama principal destaca por su ambición y por la radical conexión entre Hawkins y el Upside Down. Lo que antes era un espacio paralelo ahora se integra en la vida cotidiana de los personajes, elevando el riesgo de cada decisión. Este vínculo intensificado permite a los hermanos Duffer desplegar un espectáculo visual de gran escala, con una estética que se desplaza del imaginario ochentero hacia referencias más cercanas a los años noventa.

Las subtramas funcionan como motores emocionales que sostienen el argumento. Algunas avanzan con mayor fuerza que otras, pero todas apuntan a un conflicto común que estallará más adelante. Destaca especialmente la subtrama de Will, verdadero eje emocional de la temporada. Aunque en este primer bloque queda a la espera de resolverse tras un cliffhanger que será decisivo en el desenlace final. Además, los últimos 60 minutos del volumen son, directamente, un boom visual y narrativo.

El homenaje continúa siendo parte del ADN de Stranger Things. En estos primeros episodios, aparece una referencia muy evidente a «Alicia en el país de las maravillas»: Holly, con su vestido amarillo y otro personaje cuyo diseño recuerda claramente al Sombrerero Loco. Los guiños están presentes y, probablemente, algunos escapen al público más joven.

Este primer volumen funciona como una antesala. Es una carta de amor a los y las fans. Un espectáculo audiovisual de primer nivel y una apuesta clara por la épica y la acción. Su ambición confirma que los Duffer quieren despedirse dejando huella. Cuando llegue el episodio final, la incógnita no será si la serie cierra, sino cómo lo hará.

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