El debut de Charlie Polinger en su primer largometraje tiene por título La Plaga. Un film que llega a salas hoy 30 de abril de la mano de YouPlanet, y que difícilmente dejará a nadie indiferente. En gran parte, por su afilada construcción visual y sensorial que hiela la sangre desde el primer fotograma: dentro de una piscina. Porque sí, aquí nos vamos a ahogar.
La historia sigue a Ben, un niño de 12 años que llega a un campamento de waterpolo con la esperanza de encajar. Pronto descubre que el grupo funciona bajo una lógica cruel: aislar a uno de los chicos, apodado “la plaga”, y convertido en el blanco de burlas y violencia. A medida que intenta integrarse, Ben se verá atrapado entre su necesidad de pertenecer y el peso moral de participar en esa dinámica.
Hay un simbolismo muy marcado en la película, al cual se recurre con mucha inteligencia para aplanar los posibles extremismos narrativos. El agua como transición emocional, la sangre como previsora, y los silencios como pausa entre conceptos. La Plaga transita entre el drama social más puro dentro del género, pero crea su propia forma a través de un terror cárnico, emocional y recóndito. Lo más escalofriante es como dicho terror va creciendo, hasta alcanzar ese punto insoportable que obliga a apartar la mirada.
La Plaga retrata el acoso infantil desde una mirada inmadura en quién lo vive (los niños), y lo compensa por medio de esa otra mirada de cómo se ve desde fuera (el espectador). Una decisión algo polémica, pero importante en cómo Polinger mira esta historia; con mucha crudeza y recuerdos de su pasado borroso, según ha declarado.
Lejos de aislar conceptos, La Plaga los va distribuyendo en sus personajes a medida que la trama va rotando sobre sí misma. El título funciona como esa brillante metáfora de la fácil propagación de la violencia, las consecuencias de esa masculinidad tóxica presente desde temprana edad, y la inexplicable crueldad detrás de estos comportamientos. Al final del día, no dejan de ser niños de trece años.
No se trata de una película que beba del terror comercial, sino de un cine indie atmosférico que se acerca al estudio del comportamiento humano, y que a la par que expone, trata de entenderlo por sí misma. Porque La Plaga no trata de dar explicaciones. Polinger reflexiona para incomodar, y lo hace por medio de unas decisiones visuales y sonoras tan incómodas como perturbadoras. Lo verdaderamente terrorífico es lo necesarias que son este tipo de historias.
- Anabel Estrella


